¿CRISIS O APARTHEIT?

Reflexiones personales

 

La noche de anoche, final del Día San Valentín, trajo   a mi barrio, bautizado con el nombre de  otro santo mucho más modesto, al cual acudimos solo cuando escuchamos al  prójimo estornudar,  el desesperado clamor de quienes lo han dado todo y ahora sienten en sus carnes la mordida de esa fiera denominada crisis, disfraz que sirve para enmascarar la voracidad de los bancos, la corrupción de la clase política y a la corta, el asesinato perpetrado contra otra entidad reconocida como Sistema de Valores.

El populoso y humilde barrio madrileño de San Blas, concebido para obreros,  me hizo testigo de su primera manifestación contra el desahucio:

-“Mañana a las once Patricia y sus dos hijos pequeños van a ser desahuciados.  ¡Vecino, despierta, esto pasa en tu puerta!”

-“¡Primero nos dejaron sin trabajo y ahora nos dejan en la calle para que el banco tenga otra casa más! ¡Vecino, despierta, esto pasa en tu puerta!”

San Valentín me dejó en vela en mi apartamento de San Blas, con el corazón en un puño y la cabeza dando vueltas, padeciendo por anticipado la Noche de Walpurgis, con perdón de Santa Walburga de Heidenheim que, donde esté, debe saber muy bien de qué van esas cosas.

Pasando del santoral al dorso, anticipo que conozco muy bien mis limitaciones: entre ellas destacan mi pésima relación con los números, sobre todo si vienen estampados en billetes, y mis precarios conocimientos de economía. Aclarado esto, por más que busco, leo, investigo y me “como el seso”,  de esta Crisis –usaré la mayúscula- solo distingo su perfecto diseño. La mayor dosis de luz al respecto se la debo al eurodiputado inglés Nigel Farage, a quien agradezco su empuje y valentía.

Desde hace años comencé a notar como, poco a poco, los más importantes centros de la capital española “barrían”, con subidas de precios y elevadas cotas de estandarización, a las llamadas clase media baja y clase obrera hacia la periferia, creando cinturones económicos del mismo modo en que antes se fabricaban murallas o  residenciales.

Luego, los siempre útiles medios de comunicación oficiales y oficializados, empezaron a hablar del “problema de la crisis” y el miedo ablandó los tejidos mucho antes de que  aparecieran los síntomas de la enfermedad social. El terreno estaba abonado, teniendo en cuenta que el miedo es el máximo inhibidor de la voluntad.

Dicen los que saben, que los conflictos comienzan cuando se deja de ser lo que se Es para tratar de ser algo o alguien diferente. Este principio puede aplicarse a los países europeos que llevan la peor parte en el asunto Crisis, esto, dicho en cubano, sonaría, más o menos como: “A la fiesta´e los caramelos, no pueden ir los bombones.”

Las piezas del juego están colocadas como lo estuvieron en los años treinta del pasado Siglo, mostrando un retablo bastante parecido a los albores de la Segunda Guerra Mundial, solo que esta vez, al menos por el momento,  no son cañones, sino billetes, los que pelean en la primera línea del frente de batalla.

¿Por qué la Crisis se manifiesta con mayor crueldad en países como Grecia, Portugal, Italia y España? Sin contar a Bélgica, Holanda y Chipre, que acaban de  apuntarse al coro de la recesión.

Creo que la respuesta se halla en el mismo lugar de la pregunta: sencillamente, los dones de Grecia, Portugal, Italia y España, nada tienen que ver con los de Alemania y Francia, por citar  las dos locomotoras más visibles en la Comunidad Económica Europea.  El Lazarillo de Tormes jamás pudo ser escrito en Berlín ni El anillo de los nibelungos compuesto por Joaquín Rodrigo. Ni mejores ni peores.

Por temor al poder del Marco alemán   se  violó el principio de las diferencias y en virtud de ese mismo temor, se ha caído en la trampa más allá de las ingles porque, ni geográfica ni culturalmente somos iguales, ¿o es que de verdad estamos pensando en que podemos  llamar Frau Carmen a Carmen la de Ronda?

¿A dónde iremos a parar? ¡Ojalá tuviera la respuesta! Es muy curioso ver que el fuego comienza en el mismo lugar del mundo donde comenzó lo mejor de nuestra civilización. Ver Atenas arder es el equivalente al “Ardió Troya” que usamos cuando queremos ilustrar el final de algo importante.

No sé si esto es una conspiración de grandes poderes que luchan por la hegemonía global pero, si así fuera, ¡vaya bobada!, porque no entiendo a qué poder se refieren ¿al del viento?, ¿al del polvo que somos y al que debemos volver?  Mi aprendizaje me ha mostrado que nadie, absolutamente nadie, tiene ningún poder en esta tierra, ni en ninguna otra en caso de que existiera.

Lo que sí parece seguro es que hay muchos equivocados que tienen más cuchara que boca y más plato que estómago y quieren, en su profunda ignorancia, tragárselo todo sin tener en cuenta la estrechez del orificio de salida y, en penúltima instancia, que tenemos, si decidimos despertar, la capacidad de abrirnos de codos y entonces sí que se arma el despelote ¿de dónde van a sacar ganancias si desaparecen las clases medias alta o baja y la clase obrera?

La armonía y la paz no se encuentran en ningún extremo, ni en la opulencia ni en la pobreza, así es que, como dice Elías, mi nieto, con esa sabiduría nacida de la inocencia:   “No mi´mpujes, que ti caes.”

 

 

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Requiem por Laura

En mí no existe lugar para la duda y no me importan los detalles que aclaren o enturbien los hechos: los responsables de la muerte de Laura Pollán son los hermanos Castro  y el mal llamado mundo civilizado en primer lugar.

La indiferencia de ese mundo frente a la quincuagenaria tragedia de la isla debe colocarse en  lugar preferente. En Cuba nadie muere de muerte natural, todos lo hacen porque, en esas condiciones, lo más  natural es morirse; nadie se alcoholiza o se suicida o sucumbre a la locura por causas naturales; de todo ello, los responsables son los Castro y el mundo.

No permito un resquicio a la casualidad. Los Castro son culpables de la muerte de Orlando Zapata; lo son, cuando un anciano fallece de añoranza en La Florida; los son, de que Reinaldo Arenas se levantara la tapa de los sesos en Nueva York porque, aunque “se buscara el sida”, no eligió padecerlo en el exilio. Igualmente son culpables de que una madre muera sin volver a ver a sus hijos

Los Castro y el mundo que contempla estos crímenes tras una gruesa capa de indulgencia son los máximos responsables de que se pueda asesinar a un pueblo gota a gota, día tras día, año tras año, por que sí, asesinan hasta a aquellos que no se dan cuenta que son asesinados en cada aplauso, en cada aprobación y con cada consigna.

Lamento la muerte de Laura y no la conocí personalmente, no guardo cartas suyas, ningún recuerdo que no sea el de verla por la televisión, a miles de kilómetros de distancia, desde mi propia condena al extrañamiento.

La vi en las calles de La Habana vestida de blanco, rodeada por otras damas blancas, acorraladas por las turbas, siempre mayoritarias. Esas turbas que actúan, dicen,  en el nombre del pueblo.

No me vengan ahora con la historia de que morir por la patria es vivir, porque mi corazón no soporta ya más frases hechas. Ese es un verso del himno nacional compuesto a prisa, es un verso exaltado, sí,  pero pienso que si la muerte de verdad sirviera para algo más que para estar muerto, los verdugos se cuidarían mucho de no aumentar el ejército de gloriosos cubanos que yacen a varios metros bajo el suelo o que han dado con sus huesos en el fondo del mar.

Lo más terrible es que esas muertes mías, sí, porque son de los míos, no conmueven a la opinión pública ni a los jefes de Estado de potencias que sí podrían  frenar esa ordalía de sangres y miserias que se cuece en su propio traspatio.

¿Cuántos más se levantarán en la isla para honrar la caída de Laura?

¿Cuántos se darán cuenta de que están muertos en vida por permitir que los que mueren lo hagan impunemente?

Hoy, desolada, pienso en Laura Pollán, que es pensar en Cuba. Con   dolor por las dos, que son una y lo mismo, quiero dejar contancia en este Réquiem para que, donde esté, sepa al menos  que mi tristeza antigua y nueva siempre seguirá acompañándola.

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Una historia de amor y sus poemas…

Editar

“No hay grados de dificultad en los milagros.”

J. de N.

Le conocí hace años. Hermoso, roto y abandonado de sí mismo, nacido bajo  los signos de Leo y Dragón, sistemáticamente entregado a la tarea de autodestruirse.

Amante de la ópera, el ballet y los poemas, que escribía hundido hasta la médula, sin puertas y sin fé. Buscaba el otro extremo en las películas de terror que, mientras más truculentas, mejor servían al propósito de arrinconar el péndulo en el extremo oscuro de su dolor sin nombre.

Yo, que ya no era la misma, enredada en la tela de araña de la que están hechas  las ilusiones, equivocada y sola como todo hijo del hombre, había encontrado un hilo, un  mapa  para salir del Laberinto donde las leyes de la dualidad, esas que tanto aman quienes creen en el mundo, me habían encerrado con mi propio consentimiento. Lo compartí con él y  resistí a mi antigua necesidad de huir de alguien cuyo dolor existencial era de igual tamaño, peso y consistencia que el mío.

Sólo fue necesario que me hiciera a un lado el día en que supe que mi amigo había tocado fondo: “Padre, te entrego a mi hermano. Yo no puedo hacer nada más por él.” Oré en silencio, abrazada a su cuello.

Demoré en tener noticias suyas, hasta que, una mañana del año 2004, me llamó por teléfono para darme la buena nueva de su resurrección.

 Al revisar, transcurridos los años, la calidad de nuestra amistad, supe que se trataba de un acuerdo firmado mucho antes del comienzo del tiempo y el espacio. Aquí nos habíamos dado cita con el compromiso de que nos ayudaríamos a salir de las trampas urdidas por el ego para retrasar nuestro regreso a casa. Y así permanecemos, unidos en la única relación que trasciende la culpabilidad y desconoce la atracción de la muerte: la relación santa, creada en y por la belleza, esa especie de antídoto contra el veneno del odio en que fuimos criados.

Comparto con ustedes esta experiencia porque sé que todos la necesitamos. Ahorro los detalles escabrosos por la sencilla razón de que, sean cuales fueren, pertencen al pasado y ya, ni Arnaldo Ramírez Ricardo ni yo habitamos allí. También porque lo anecdótico es lo de menos, sea cual sea la forma y manifestación del dolor en el mundo, sólo es un error clamando por  ser corregido y créanme, entre el cielo y la tierra no hay nadie excento de esta Ley. Fue el primer milagro del que he sido testigo y le agradezco a Arnaldo que me haya regalado esa posibilidad.

Es la primera vez que accede que sus poemas salgan del ámbito privado de nuestras lecturas en común.  No es justo, le dije, que un celebrante esconda  las razones de su celebración. Déjame extenderla a   quienes  estén dispuestos a abandonar  “El corazón de las tinieblas”.

Ahí están y como siempre, los que quieran oir, oirán; los que quieran ver, verán, y los que ni una cosa ni la otra, es que aún no les ha llegado su momento.

Es cierto que “No hay grados de dificultad en los milagros” porque, sencillamente, no hay grados de realidad en las ilusiones.

¡Namasté!

Insomnio.

Miro la vida como si fluyera: Su vaivén aparente.
Su música intangible. Su variación en torno a la demencia.
Aspiro y muerdo el aire con un afán voraz de persistir.
Como si huyera desde lo externo al centro.
Al comienzo de toda certidumbre.
Miro la vida con el ojo despierto.
Rota la percepción.
Desecho el juicio.
Con el costado abierto
y asombrado.

En el umbral

La mesa está servida. Dispuestos, los sentidos repiten un código
ancestral.
La ventana está abierta y entra la inmensa noche como la tentación
El perfume del mundo juega con la memoria, desordena inclemente
El precario equilibrio, inventa mil acordes, una canción pequeña en armonía
Con la cual seducirme.
Lo ilusorio despliega su arsenal. Recita uno por uno los mantras del
Olvido: La agonía del cuerpo, quebrado su esplendor.
El ansia detenida en los cristales.
La brevedad del tiempo.
La mesa está servida. Un mensajero aguarda frente a mí,
Con urgencia. Apremiándome.

Summertime.

En la terraza, invicta, mi compleción aflora. Hay un aroma nuevo en la quietud
de la tarde  que no fluye porque alcanzó la plenitud. Lentamente me deshago de
los viejos disfraces, del nombre, de los años, de la frágil memoria. De la
necesidad y la esperanza. Del contraste entre las sombras y la luz.
Rota la dualidad renazco y empiezo a repetir con insistencia la canción de los
siglos.

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Link a un articulo de Gilberto Dihigo publicado en Martinoticias.com

GILBERTO DIHIGO

Mitín de repudio, fascismo y esperanzas

Las calles pertenecen por igual a todos los ciudadanos de un país, sean o no afines al gobierno que dirige. Decir lo contrario es reconocer de manera consciente su violación a los derechos humanos y cívicos de esa población perseguida.

Gilberto Dihigo / martinoticias.com 22 de junio de 2011

De todos los inventos del castrismo en su medio siglo de poder absoluto dentro de la isla el más abominable, despreciable y vergonzoso es el mitin de repudio, la exaltación suprema a las bajas pasiones de la turba sodomizada por la ideología del régimen.

En realidad la paternidad del acto de perseguir, acosar y usar la violencia contra un grupo humano indefenso fue del Imperio ruso contra los judíos. Esa acción se llamó pogrom, Luego Stalin lo retomó y por supuesto Hitler utilizó métodos más refinados con los “Einsatzgruppen” que exterminaba a sus víctimas.

En todos los casos la policía se quedaba sin accionar frente a esos depredadores iluminados por una mortífera y agresiva ideología. No hace falta sumar dos más dos entonces para saber de dónde buscó la inspiración el Comandante, quien admiró en su juventud al fascista italiano, el “Duce” Mussolini y al dictador español Primo de Rivera, para organizar este engendro que ensombrece mas este periodo de la historia de Cuba.

Fidel Castro entusiasmado por sus famosas marchas del pueblo combatiente reconoció de manera pública en un discurso de mayo de 1980 como conseguía llenar las calles de “fervientes” seguidores. Vale aclarar que aquellos que no asistían a esos febriles maratones caían en desgracia con el CDR, el Sindicato o cualquiera que supervisara su presencia.

“Fueron ciertamente las organizaciones de masas. Claro que las masas tienen sus líderes políticos, y las masas tienen su Partido; no andamos con hipocresía de ninguna clase, pues igual que aquí estamos, estamos en todo; no andamos haciendo ficciones, ¡no andamos haciendo ficciones! Estamos unidos, y tenemos un Partido, tenemos una Dirección.”, aseguró Castro.

Es fácil saber que la dirección del Partido, el Partido y todo en Cuba lo dirigen los hermanos Castro, quienes idearon, organizaron y aúpan a estas turbas que por fortuna no tienen la aprobación generalizada de toda la población. El cantante Pedro Luis Ferrer en una entrevista concedida al periodista independiente Reinaldo Escobar analizaba ese terror patrocinado por el estado contra sus adversarios.

“Aquí se han entronizado círculos de poder con una elevada cultura de violencia, tienen las herramientas para aplicar esa violencia y mucha ascendencia sobre la sociedad a través del chantaje y de un pasado común de errores. ¿Qué es un mitin de repudio, donde unas personas golpean a otras porque piensan diferente? Allí van esas personas a las que le han metido en la cabeza esas idea de que ‘nacimos para vencer y no para ser vencidos’ y ‘pa lo que sea’ y todo ese conjunto tan delicado de calificar políticamente. Hay gente que ha cometido errores y los sigue cometiendo porque en vez de pensar que siempre hay un momento para cambiar y ser mejores, dicen ‘que le importa al tigre una raya más’, afirmó el polémico cantante.

Lo peor de todo este asunto que aquella época de los años 80 de huevazos, golpes, torturas sicológicas y amenaza generalizada para quienes decidían dejar la obra revolucionaria, la cual el sistema decía “era voluntaria”, y que fueron perseguidos por estos nefastos mítines de repudio bajo la verdad “revolucionaria” de que “la calle es de Fidel”, se mantiene todavía en la actualidad como un recurso eficaz del régimen para amedrentar.

Esa definición fascista y reaccionaria de que “la calle es de Fidel” descubre la verdadera cara de un régimen político que se llamó humanista y democrático en sus inicios cuando todavía no enseñaba sus garras. ¿De qué humanismo o democracia pueden hablar cuando los ciudadanos de un país que discrepen o disienten de la agenda de gobierno son llamados “delincuentes”, “escorias”, “esbirros” , pueden ser golpeados en las vías públicas y sitiadas sus casas sin que la policía o agentes del orden lo protejan?.

Fíjense que no hablamos de un enemigo armado que ataca el aparato estatal, no nada de eso,  solo personas indefensas, como la poetisa María Cruz Valera, quien fue arrastrada y golpeada en 1991 por la escalera de su casa en Alamar y posteriormente sus atacantes testificaron su hazaña por el Noticiero nacional y ni siquiera fueron reportados por la policía.

Las calles pertenecen por igual a todos los ciudadanos de un país, sean o no afines al gobierno que dirige. Decir lo contrario es reconocer de manera consciente su violación a los derechos humanos y cívicos de esa población perseguida.

El propio Fidel Castro advirtió en ese discurso de mayo de 1980,que estaba dispuesto a todo, luego de mostrar al mundo su reciente arma de azuzar a hermanos contra hermanos:

“En estos días se ha estado librando una batalla de masas como jamás se había estado librando en la historia de la Revolución, tanto por su volumen como por su profundidad. Había que mostrarle al enemigo y enseñarle al enemigo que con el pueblo no se juega. Había que mostrarle al enemigo que con la Revolución no se juega. Había que demostrarle al enemigo que a un pueblo no se le puede ofender impunemente”, vociferó Castro en la Plaza de la Revolución.

¿Cuál ofensa?, ¿la voluntad de miles de personas de abandonar su proyecto político? ¿De no querer seguir en la “voluntariedad” de alcanzar el paraíso socialista? ¿No se puede tener una opinión o un deseo diferente en Cuba?

Resulta evidente que para el castrismo eso es sinónimo de traición o de esbirros pagados por la CIA para destruir su “hermoso proyecto social, el cual por cierto él y su grupo arruinan desde el comienzo con sus ideas esquizoides sobre la economía.

Por suerte ya no estamos en los años 80 y el pueblo cubano ya no esta tan ciego, tan hipnotizado por el catecismo del régimen. Hay muchos factores que ayudan en la actualidad a distinguir el verdadero carácter de esta dictadura fascista.

Las palizas a las damas de blanco, los golpes a la bloguera Yoani Sánchez, la muerte en prisión por huelga de hambre del opositor Orlando Zapata y la resistencia pacífica, que de manera silenciosa camina por las calles de Cuba, demuestran que los mítines de repudio no consiguen suprimir los sentimientos de libertad que desean los cubanos y tampoco acallan la voz de esperanza.

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Duro oficio el exilio.

El poeta turco Nazim Hikmet era  militante comunista, lo cual no afectó en nada la altísima calidad de su poesía. Pasó doce años en las cárceles de su país y murió en el exilio

De él, un poeta comunista, tomé prestado el título de uno de sus libros para encabezar este monólogo, porque no se me ocurre  nada que defina mejor esto de ser un paria, un transterrado, aprendiz de un oficio cuya dureza reside en que no llegas a graduarte nunca: jamás podré ejercer de exiliado profesional. Esto que digo no pertenece al ámbito de las lamentaciones, no es tampoco una queja; es la constatación de un hecho irreversible porque, saber que en esta tierra nunca se vuelve a ninguna parte, como el agua del río, que no pasa dos veces bajo el puente, es asumir   un largo gravitar sobre tu propio eje.

Ni siquiera   enterarte de que “nuestro Reino no es de este mundo” -el de ninguno de nosostros, los humanos- alivia esa mezcla de rabia y desconsuelo del niño al que un adulto desbarata su castillo de arena porque sí, porque es abusador y prepotente.

Nadie que no haya padecido por las mismas razones podrá entender de lo que estoy hablando. Nadie que entre y salga de su país cuando quiera lo puede comprender. Nadie que no haya oído morir a su padre en la distancia podrá  decir “te entiendo.”

Nada puede hacerme olvidar que soy una exiliada política, no una emigrante económica y, cuando aflojo un poco la cuerda que me mantiene alerta y se me ocurre reclamar  un derecho ciudadano, en alguna esquina, en el consultorio médico o en la caja del supermercado, alguien me lo recuerda: “Vete pa donde viniste. Estos extranjeros están muy equivocados. ¿Qué te has creído?”  No saben que esa pregunta me la hago a mí misma cada varios segundos: De todo lo que veo, de todo lo que escucho, de todo lo que aprendo, ¿Qué es lo que me he creído? ¿Quieren saber la respuesta? Nada. No me creo nada que no  venga de Aquél que ES.

Soy “La cubana” y no quiero apelar al  tópico revanchista de ¡Y a mucha honra!, porque ser cubana sin Cuba no me hace ninguna gracia.

Bien, todo este interludio tiene  una razón de peso: de la isla me han hecho llegar una invitación para que participe en una antología de poetas cubanas de dentro y de fuera. A continuación “copio y pego” parte del mensaje. No quiero dar a conocer el nombre de las personas que me escriben porque, en verdad, no dudo de su ingenuidad plagada de buenas inteciones, tal vez, en su lugar, yo lo hubiera intentado; puede que hasta sean jóvenes, muy jóvenes y estén haciendo esfuerzos para enmendar la plana.  Tampoco he respondido al mensaje personalmente porque no sé, ni creo que deba. Esta respuesta pública es para esas personas y también para mí, para ustedes y por si alguna mano oscura se esconde tras los buenos deseos de quienes creen que con antologías poéticas se pueden  aplanar montañas, rellenar abismos o secar el Océano Atlántico. No, no se puede y créanme, es una cuestión estrictamente personal.

“…consideramos que su poesía es indispensable para la historia poética cubana y debe estar dentro de cualquier antología que se respete. Leyéndola en estos días me parecen sus poemas muy hermosos, de ahora mismo, de mañana. No quisiéramos que usted faltara en la antología. Hasta el momento no nos han puesto ninguna traba, ni nos han censurado a nadie del exilio, pero si algo pasara usted puede estar segura que se lo haría saber con detalles. La editorial  Letras Cubanas ha aprobado el proyecto y los nombres de las poetas del exilio fundamentales hasta el momento. Yo le garantizo la limpieza de este proyecto, por mi parte, intentando al menos en este punto barrer cualquier tipo de muros.

Antes de continuar, agradezco el reconocimiento de poetas a poetas.

También podría escribir noventa y nueve mil chorradas, para robustecer mi negativa a participar con alardes de patriotismo o patribobería ilimitada. ¡Líbreme Dios de semejante memez! Pero no, no quiero participar en dicha antología. Mi poesía y yo somos una y a ambas nos maltrataron por igual. A ambas nos encarcelaron por pedir reformas, no para nosotras dos, sino para la isla entera. Nos ofendieron,  aplicaron fuerza y  poder intentando humillarnos a mi poesía y a mí en un  alarde de violencia machista y doméstica, a la que algunas mujeres no dudaron en sumarse.

No voy a cantar loas sobre los beneficios del exilio; no tengo fotos de caserones que mostrar, ni de yates, ni coches, ni nada de lo que puedar alardear materialmente, es más: no tengo nada que perder, nada pueden quitarme.

No fue fácil ni sabroso para mí entrar al mundo con cuarenta y un años, edad que tenía cuando debí abandonar Cuba. He tropezado, he caído, he vuelto a levantarme; me he equivocado para ganar en seguridad de que continuaré equivocándome durante el resto de mis días; he llorado lágrimas infinitas y amargas. He comprendido a José María Heredia, grande entre los grandes, cuando el dolor le  dobló las rodillas; mi poesía y yo, para soportarlo,  debimos caminar con bastón por varios años. Me he visto sin un duro para el alquiler; alojándome en casa de buenos amigos, mi familia me ha sostenido moral y materialmente, o sea: no me he ahorrado ninguna experiencia  porque también he fregado platos ¿Y qué?  Nadie  imagine que me avergüenzo, todo lo contrario.

Es más que probable que me toque morir en el exilio; no seré la primera, aunque ojalá sea la última, quiero decir: soy imbatible porque estoy preparada para todo, pero no acepto, por muy buenas intenciones que muestren, que mi poesía o mis novelas se publiquen en ninguna parte del planeta donde no haya libertad e igualdad de derechos. Mucho menos en Cuba, mi castillo de arena destrozado.

Los motivos que me llevaron al enfrentamiento con el régimen están todos ahí, sólo han envejecido, pero siguen ahí. ¿Cómo van a incluirme en una antología como si me estuvieran perdonando? Dejan morir a Zapata en huelga de hambre, asesinan de una paliza a un hombre esposado, en plena vía pública, bajo la luz del sol, apalean a las Damas de Blanco y quieren perdonarnos para que vaya mi poesía y les maquille el rostro, tapándoles la sangre y la horripilante fealdad que en más de medio siglo han ido acumulando. ¡Qué poco nos conocen!

No quiero, ni necesito, que me perdonen. No quiero que me publiquen. No quiero que mi poesía camine desamparada por las calles de un país que nos borró  hace casi dos décadas.

Escribo en nombre de mi poesía porque, cuando yo no esté, nadie saldrá en defensa de sus principios y su sentido de la ética como estética de la conducta.

Puedo, a estas alturas, aprendiendo a cumplir sesenta años, darme el lujo de exigir que a mi poesía y a mí se nos trate de usted y deban ganarse el derecho a leernos.

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