Archivos para 16 octubre 2011

Requiem por Laura

En mí no existe lugar para la duda y no me importan los detalles que aclaren o enturbien los hechos: los responsables de la muerte de Laura Pollán son los hermanos Castro  y el mal llamado mundo civilizado en primer lugar.

La indiferencia de ese mundo frente a la quincuagenaria tragedia de la isla debe colocarse en  lugar preferente. En Cuba nadie muere de muerte natural, todos lo hacen porque, en esas condiciones, lo más  natural es morirse; nadie se alcoholiza o se suicida o sucumbre a la locura por causas naturales; de todo ello, los responsables son los Castro y el mundo.

No permito un resquicio a la casualidad. Los Castro son culpables de la muerte de Orlando Zapata; lo son, cuando un anciano fallece de añoranza en La Florida; los son, de que Reinaldo Arenas se levantara la tapa de los sesos en Nueva York porque, aunque “se buscara el sida”, no eligió padecerlo en el exilio. Igualmente son culpables de que una madre muera sin volver a ver a sus hijos

Los Castro y el mundo que contempla estos crímenes tras una gruesa capa de indulgencia son los máximos responsables de que se pueda asesinar a un pueblo gota a gota, día tras día, año tras año, por que sí, asesinan hasta a aquellos que no se dan cuenta que son asesinados en cada aplauso, en cada aprobación y con cada consigna.

Lamento la muerte de Laura y no la conocí personalmente, no guardo cartas suyas, ningún recuerdo que no sea el de verla por la televisión, a miles de kilómetros de distancia, desde mi propia condena al extrañamiento.

La vi en las calles de La Habana vestida de blanco, rodeada por otras damas blancas, acorraladas por las turbas, siempre mayoritarias. Esas turbas que actúan, dicen,  en el nombre del pueblo.

No me vengan ahora con la historia de que morir por la patria es vivir, porque mi corazón no soporta ya más frases hechas. Ese es un verso del himno nacional compuesto a prisa, es un verso exaltado, sí,  pero pienso que si la muerte de verdad sirviera para algo más que para estar muerto, los verdugos se cuidarían mucho de no aumentar el ejército de gloriosos cubanos que yacen a varios metros bajo el suelo o que han dado con sus huesos en el fondo del mar.

Lo más terrible es que esas muertes mías, sí, porque son de los míos, no conmueven a la opinión pública ni a los jefes de Estado de potencias que sí podrían  frenar esa ordalía de sangres y miserias que se cuece en su propio traspatio.

¿Cuántos más se levantarán en la isla para honrar la caída de Laura?

¿Cuántos se darán cuenta de que están muertos en vida por permitir que los que mueren lo hagan impunemente?

Hoy, desolada, pienso en Laura Pollán, que es pensar en Cuba. Con   dolor por las dos, que son una y lo mismo, quiero dejar contancia en este Réquiem para que, donde esté, sepa al menos  que mi tristeza antigua y nueva siempre seguirá acompañándola.

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