Archivos para 24 junio 2011

Link a un articulo de Gilberto Dihigo publicado en Martinoticias.com

GILBERTO DIHIGO

Mitín de repudio, fascismo y esperanzas

Las calles pertenecen por igual a todos los ciudadanos de un país, sean o no afines al gobierno que dirige. Decir lo contrario es reconocer de manera consciente su violación a los derechos humanos y cívicos de esa población perseguida.

Gilberto Dihigo / martinoticias.com 22 de junio de 2011

De todos los inventos del castrismo en su medio siglo de poder absoluto dentro de la isla el más abominable, despreciable y vergonzoso es el mitin de repudio, la exaltación suprema a las bajas pasiones de la turba sodomizada por la ideología del régimen.

En realidad la paternidad del acto de perseguir, acosar y usar la violencia contra un grupo humano indefenso fue del Imperio ruso contra los judíos. Esa acción se llamó pogrom, Luego Stalin lo retomó y por supuesto Hitler utilizó métodos más refinados con los “Einsatzgruppen” que exterminaba a sus víctimas.

En todos los casos la policía se quedaba sin accionar frente a esos depredadores iluminados por una mortífera y agresiva ideología. No hace falta sumar dos más dos entonces para saber de dónde buscó la inspiración el Comandante, quien admiró en su juventud al fascista italiano, el “Duce” Mussolini y al dictador español Primo de Rivera, para organizar este engendro que ensombrece mas este periodo de la historia de Cuba.

Fidel Castro entusiasmado por sus famosas marchas del pueblo combatiente reconoció de manera pública en un discurso de mayo de 1980 como conseguía llenar las calles de “fervientes” seguidores. Vale aclarar que aquellos que no asistían a esos febriles maratones caían en desgracia con el CDR, el Sindicato o cualquiera que supervisara su presencia.

“Fueron ciertamente las organizaciones de masas. Claro que las masas tienen sus líderes políticos, y las masas tienen su Partido; no andamos con hipocresía de ninguna clase, pues igual que aquí estamos, estamos en todo; no andamos haciendo ficciones, ¡no andamos haciendo ficciones! Estamos unidos, y tenemos un Partido, tenemos una Dirección.”, aseguró Castro.

Es fácil saber que la dirección del Partido, el Partido y todo en Cuba lo dirigen los hermanos Castro, quienes idearon, organizaron y aúpan a estas turbas que por fortuna no tienen la aprobación generalizada de toda la población. El cantante Pedro Luis Ferrer en una entrevista concedida al periodista independiente Reinaldo Escobar analizaba ese terror patrocinado por el estado contra sus adversarios.

“Aquí se han entronizado círculos de poder con una elevada cultura de violencia, tienen las herramientas para aplicar esa violencia y mucha ascendencia sobre la sociedad a través del chantaje y de un pasado común de errores. ¿Qué es un mitin de repudio, donde unas personas golpean a otras porque piensan diferente? Allí van esas personas a las que le han metido en la cabeza esas idea de que ‘nacimos para vencer y no para ser vencidos’ y ‘pa lo que sea’ y todo ese conjunto tan delicado de calificar políticamente. Hay gente que ha cometido errores y los sigue cometiendo porque en vez de pensar que siempre hay un momento para cambiar y ser mejores, dicen ‘que le importa al tigre una raya más’, afirmó el polémico cantante.

Lo peor de todo este asunto que aquella época de los años 80 de huevazos, golpes, torturas sicológicas y amenaza generalizada para quienes decidían dejar la obra revolucionaria, la cual el sistema decía “era voluntaria”, y que fueron perseguidos por estos nefastos mítines de repudio bajo la verdad “revolucionaria” de que “la calle es de Fidel”, se mantiene todavía en la actualidad como un recurso eficaz del régimen para amedrentar.

Esa definición fascista y reaccionaria de que “la calle es de Fidel” descubre la verdadera cara de un régimen político que se llamó humanista y democrático en sus inicios cuando todavía no enseñaba sus garras. ¿De qué humanismo o democracia pueden hablar cuando los ciudadanos de un país que discrepen o disienten de la agenda de gobierno son llamados “delincuentes”, “escorias”, “esbirros” , pueden ser golpeados en las vías públicas y sitiadas sus casas sin que la policía o agentes del orden lo protejan?.

Fíjense que no hablamos de un enemigo armado que ataca el aparato estatal, no nada de eso,  solo personas indefensas, como la poetisa María Cruz Valera, quien fue arrastrada y golpeada en 1991 por la escalera de su casa en Alamar y posteriormente sus atacantes testificaron su hazaña por el Noticiero nacional y ni siquiera fueron reportados por la policía.

Las calles pertenecen por igual a todos los ciudadanos de un país, sean o no afines al gobierno que dirige. Decir lo contrario es reconocer de manera consciente su violación a los derechos humanos y cívicos de esa población perseguida.

El propio Fidel Castro advirtió en ese discurso de mayo de 1980,que estaba dispuesto a todo, luego de mostrar al mundo su reciente arma de azuzar a hermanos contra hermanos:

“En estos días se ha estado librando una batalla de masas como jamás se había estado librando en la historia de la Revolución, tanto por su volumen como por su profundidad. Había que mostrarle al enemigo y enseñarle al enemigo que con el pueblo no se juega. Había que mostrarle al enemigo que con la Revolución no se juega. Había que demostrarle al enemigo que a un pueblo no se le puede ofender impunemente”, vociferó Castro en la Plaza de la Revolución.

¿Cuál ofensa?, ¿la voluntad de miles de personas de abandonar su proyecto político? ¿De no querer seguir en la “voluntariedad” de alcanzar el paraíso socialista? ¿No se puede tener una opinión o un deseo diferente en Cuba?

Resulta evidente que para el castrismo eso es sinónimo de traición o de esbirros pagados por la CIA para destruir su “hermoso proyecto social, el cual por cierto él y su grupo arruinan desde el comienzo con sus ideas esquizoides sobre la economía.

Por suerte ya no estamos en los años 80 y el pueblo cubano ya no esta tan ciego, tan hipnotizado por el catecismo del régimen. Hay muchos factores que ayudan en la actualidad a distinguir el verdadero carácter de esta dictadura fascista.

Las palizas a las damas de blanco, los golpes a la bloguera Yoani Sánchez, la muerte en prisión por huelga de hambre del opositor Orlando Zapata y la resistencia pacífica, que de manera silenciosa camina por las calles de Cuba, demuestran que los mítines de repudio no consiguen suprimir los sentimientos de libertad que desean los cubanos y tampoco acallan la voz de esperanza.

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1 comentario

Duro oficio el exilio.

El poeta turco Nazim Hikmet era  militante comunista, lo cual no afectó en nada la altísima calidad de su poesía. Pasó doce años en las cárceles de su país y murió en el exilio

De él, un poeta comunista, tomé prestado el título de uno de sus libros para encabezar este monólogo, porque no se me ocurre  nada que defina mejor esto de ser un paria, un transterrado, aprendiz de un oficio cuya dureza reside en que no llegas a graduarte nunca: jamás podré ejercer de exiliado profesional. Esto que digo no pertenece al ámbito de las lamentaciones, no es tampoco una queja; es la constatación de un hecho irreversible porque, saber que en esta tierra nunca se vuelve a ninguna parte, como el agua del río, que no pasa dos veces bajo el puente, es asumir   un largo gravitar sobre tu propio eje.

Ni siquiera   enterarte de que “nuestro Reino no es de este mundo” -el de ninguno de nosostros, los humanos- alivia esa mezcla de rabia y desconsuelo del niño al que un adulto desbarata su castillo de arena porque sí, porque es abusador y prepotente.

Nadie que no haya padecido por las mismas razones podrá entender de lo que estoy hablando. Nadie que entre y salga de su país cuando quiera lo puede comprender. Nadie que no haya oído morir a su padre en la distancia podrá  decir “te entiendo.”

Nada puede hacerme olvidar que soy una exiliada política, no una emigrante económica y, cuando aflojo un poco la cuerda que me mantiene alerta y se me ocurre reclamar  un derecho ciudadano, en alguna esquina, en el consultorio médico o en la caja del supermercado, alguien me lo recuerda: “Vete pa donde viniste. Estos extranjeros están muy equivocados. ¿Qué te has creído?”  No saben que esa pregunta me la hago a mí misma cada varios segundos: De todo lo que veo, de todo lo que escucho, de todo lo que aprendo, ¿Qué es lo que me he creído? ¿Quieren saber la respuesta? Nada. No me creo nada que no  venga de Aquél que ES.

Soy “La cubana” y no quiero apelar al  tópico revanchista de ¡Y a mucha honra!, porque ser cubana sin Cuba no me hace ninguna gracia.

Bien, todo este interludio tiene  una razón de peso: de la isla me han hecho llegar una invitación para que participe en una antología de poetas cubanas de dentro y de fuera. A continuación “copio y pego” parte del mensaje. No quiero dar a conocer el nombre de las personas que me escriben porque, en verdad, no dudo de su ingenuidad plagada de buenas inteciones, tal vez, en su lugar, yo lo hubiera intentado; puede que hasta sean jóvenes, muy jóvenes y estén haciendo esfuerzos para enmendar la plana.  Tampoco he respondido al mensaje personalmente porque no sé, ni creo que deba. Esta respuesta pública es para esas personas y también para mí, para ustedes y por si alguna mano oscura se esconde tras los buenos deseos de quienes creen que con antologías poéticas se pueden  aplanar montañas, rellenar abismos o secar el Océano Atlántico. No, no se puede y créanme, es una cuestión estrictamente personal.

“…consideramos que su poesía es indispensable para la historia poética cubana y debe estar dentro de cualquier antología que se respete. Leyéndola en estos días me parecen sus poemas muy hermosos, de ahora mismo, de mañana. No quisiéramos que usted faltara en la antología. Hasta el momento no nos han puesto ninguna traba, ni nos han censurado a nadie del exilio, pero si algo pasara usted puede estar segura que se lo haría saber con detalles. La editorial  Letras Cubanas ha aprobado el proyecto y los nombres de las poetas del exilio fundamentales hasta el momento. Yo le garantizo la limpieza de este proyecto, por mi parte, intentando al menos en este punto barrer cualquier tipo de muros.

Antes de continuar, agradezco el reconocimiento de poetas a poetas.

También podría escribir noventa y nueve mil chorradas, para robustecer mi negativa a participar con alardes de patriotismo o patribobería ilimitada. ¡Líbreme Dios de semejante memez! Pero no, no quiero participar en dicha antología. Mi poesía y yo somos una y a ambas nos maltrataron por igual. A ambas nos encarcelaron por pedir reformas, no para nosotras dos, sino para la isla entera. Nos ofendieron,  aplicaron fuerza y  poder intentando humillarnos a mi poesía y a mí en un  alarde de violencia machista y doméstica, a la que algunas mujeres no dudaron en sumarse.

No voy a cantar loas sobre los beneficios del exilio; no tengo fotos de caserones que mostrar, ni de yates, ni coches, ni nada de lo que puedar alardear materialmente, es más: no tengo nada que perder, nada pueden quitarme.

No fue fácil ni sabroso para mí entrar al mundo con cuarenta y un años, edad que tenía cuando debí abandonar Cuba. He tropezado, he caído, he vuelto a levantarme; me he equivocado para ganar en seguridad de que continuaré equivocándome durante el resto de mis días; he llorado lágrimas infinitas y amargas. He comprendido a José María Heredia, grande entre los grandes, cuando el dolor le  dobló las rodillas; mi poesía y yo, para soportarlo,  debimos caminar con bastón por varios años. Me he visto sin un duro para el alquiler; alojándome en casa de buenos amigos, mi familia me ha sostenido moral y materialmente, o sea: no me he ahorrado ninguna experiencia  porque también he fregado platos ¿Y qué?  Nadie  imagine que me avergüenzo, todo lo contrario.

Es más que probable que me toque morir en el exilio; no seré la primera, aunque ojalá sea la última, quiero decir: soy imbatible porque estoy preparada para todo, pero no acepto, por muy buenas intenciones que muestren, que mi poesía o mis novelas se publiquen en ninguna parte del planeta donde no haya libertad e igualdad de derechos. Mucho menos en Cuba, mi castillo de arena destrozado.

Los motivos que me llevaron al enfrentamiento con el régimen están todos ahí, sólo han envejecido, pero siguen ahí. ¿Cómo van a incluirme en una antología como si me estuvieran perdonando? Dejan morir a Zapata en huelga de hambre, asesinan de una paliza a un hombre esposado, en plena vía pública, bajo la luz del sol, apalean a las Damas de Blanco y quieren perdonarnos para que vaya mi poesía y les maquille el rostro, tapándoles la sangre y la horripilante fealdad que en más de medio siglo han ido acumulando. ¡Qué poco nos conocen!

No quiero, ni necesito, que me perdonen. No quiero que me publiquen. No quiero que mi poesía camine desamparada por las calles de un país que nos borró  hace casi dos décadas.

Escribo en nombre de mi poesía porque, cuando yo no esté, nadie saldrá en defensa de sus principios y su sentido de la ética como estética de la conducta.

Puedo, a estas alturas, aprendiendo a cumplir sesenta años, darme el lujo de exigir que a mi poesía y a mí se nos trate de usted y deban ganarse el derecho a leernos.

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