Usama, vivo o muerto

La parte de mí que aún pertenece a la manada empezó a incorporar el arribo a los aeropuertos del mundo con el abrigo a rastras por los suelos, los pantalones pugnando por caerse, los zapatos en una mano y la cara de idiota, ofreciendo disculpas por ser supuestamente culpable, a quienes hurgan en mis intimidades, revolcando bragas, escrutándome el iris para determinar por cuenta propia si yo, soy yo. Durante años he permanecido obediente y atenta a la expectativa de que en algún momento se implementen lectores de cerebro con altavoces que anuncien: “¡Esta mujer es quien parece ser y además, inocente!” En fin, como cualquier mortal, terminé encajándolo todo.
Lo más difícil de aceptar fue el perfil mutilado de Manhattan; lo demás, las intermitentes alarmas rojas, naranjas, amarillas advirtiendo de posibles ataques terroristas; la perspectiva de que el azar pueda aparcarme un día en el vagón, la tienda o edificio correctos y termine volando hecha trocitos por el aire, pasó a formar parte de la rutina diaria, consciente de que, en este mundo, buscar seguridad es otra de nuestras ficciones.
Me acostumbré a ser sospechosa de algo, de una esencia inasible, de los cambios de humor y la fluctuante percepción de quienes, en una milésima de segundo, pueden alterar mis planes, limitar el amor a parcelas cada vez más pequeñas y hasta truncar de raíz mis vínculos con el planeta. A todo esto y más que no menciono terminé acostumbrándome, mientras respiraba profundo y buscaba integrar el nuevo orden, concentrándolo en la boca de mi estómago. Adapté mis constantes vitales al fantasma de Usama, de quien sólo conocí lo que me han permitido quienes suministran datos con la precisión y la eficacia de un cuenta gotas enganchado a la vena: una imagen holográfica en la pantalla de los telediarios, en las portadas de los periódicos y en las bocas de quienes le alababan o le maldecían.
Lo único que me fue dado constatar con mis ojos es el enorme agujero en el cuerpo de esa hermosa mujer que se llama Manhattan, a quien el odio le cercenó los pechos, privándola de tres mil de sus glándulas, extendiendo el dolor, la culpabilidad y haciendo metástasis del miedo, a ella, la isla nativa del más exultante de los poetas: “¡Miradme, soy Walt Whitman, el Hijo de Manhattan!” Y yo, confieso enamorada, posicioné mi ira contra “el eje del mal”, maldije la maldad y la estulticia y lloré en los escombros de mi amada. Yo también, ¿por qué no? puedo ser una entidad manipulable. Pero los años pasan, la verdad es de corcho; las mentiras continúan luciendo piernas cortas…
Ahora pienso una, dos, tres veces, antes de entregar mi mente a ningún bando: “¡Nos han mentido tanto. Nos traicionaron tanto. La esperanza es tan frágil. Es tan frágil la tierra prometida…!”

El hombre más solitario de la tierra le está hablando a una cámara. Fuertemente posicionado detrás de su micrófono, el hombre está solo y dice que es un gran día porque han matado a Usama bin Laden. Fue una operación limitada y aséptica, agrega el hombre que sigue estando solo y se marcha enseñándome la endeblez de su espalda. No hay preguntas, no hay respuestas, hay sólo soledad.
Se supone que debemos creerle, lo contrario, sería políticamente incorrecto. Debemos dar por buena la foto manipulada que los paquistaníes se apresuraron en mostrar; debemos bendecir las contradictorias informaciones que en menos de veinticuatro horas aseguran una cosa y también lo contrario. Tras más de una década persiguiendo a un fantasma, cuarenta minutos bastaron para liquidarlo junto a cuatro personas. Sólo cuatro personas más. Han respetado -dicen- las leyes de la sharia lanzando el cadáver de bin Laden al mar y dan por supuesto que somos odiadores e ignorantes. Ahhh!!!, pero tienen el ADN de Usama, con eso debería bastarnos ¿por qué habremos de necesitar más?

Todo parece indicar que el helicóptero norteamericano se cayó de sus propios pies, o hélices, nada sabemos de su tripulación. Y de ahí en adelante y hacia atrás, cientos de cuentas mal engarzadas en un collar que no se sostiene por sí mismo. Pero aquí estamos, dispuestos a engordar tragándonoslo todo: los niños buenos no debemos dejar migajas en el plato.

Ahora la amenaza de ser atacados en cualquier lugar y circunstancia es mucho mayor que tres días atrás, dicen los mismos que dicen haber matado a Usama. No sabemos cómo ni por dónde la fiera lanzará su próximo zarpazo, estamos a merced de quienes nos ofrecen protección, además de exigirnos que permanezcamos vigilantes.
El terrorismo del terror avanza a pasos agigantados sobre nuestros techos, haciendo de nuestro corazón un músculo distrófico, impotente, pero debemos continuar arrastrando el fantasma de Usama, no nos es dado más. No tenemos derecho. Vivo o muerto, ahí está. La verdad es posible que llegue con el fin de este tiempo, en el cual, ser los supervivientes será nuestra mayor victoria.

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  1. #1 por Jorge Borges Infante el mayo 5, 2011 - 6:31 am

    otra cosa querida ,me permito ,amiga,estos tiempos ,estas ideas actuales requieren de estos lideruchos orquestados y comandantes en jefe como usted dice,lo que al final ,y en eso coincidimos todos,esta probado que la gobernacion humana esta en pañales y los tiene sucios,la gran diferencia entre estos gobiernos humanos y el reino de Dios bajo la cabeza de Jesuscristo es que como ha sucedido estos gobernantes solo sucsisten mientras estos lideres estan vivos pero en el caso de Jesus ,el ha llegado a ser El Gran Lider y Gran Rey porque como dijera el historiadorH.G.>Wellss y cito literalmente…El hombre más grande de todos los tiempos
    ¿PUEDE llamarse a algún hombre indiscutiblemente el hombre más grande de todos los tiempos? ¿Cómo se mide la grandeza del hombre? ¿Por su genio como militar?, ¿por su fortaleza física?, ¿por su capacidad mental?
    El historiador H. G. Wells dijo que la grandeza del hombre se puede medir por ‘lo que deja plantado para que se desarrolle, y si puso o no a pensar a otros en nuevas direcciones con un vigor que persistiera después de él’. Aunque Wells no afirmó ser cristiano, reconoció lo siguiente: “Si se aplica esta prueba, Jesús está en primer lugar”.
    Alejandro el Grande (Alejandro Magno), Carlomagno (llamado “el Grande” hasta mientras todavía estaba vivo), y Napoleón Bonaparte fueron gobernantes poderosos. Por su imponente presencia influyeron profundamente en sus súbditos. Sin embargo, se informa que Napoleón dijo: “Jesucristo ha ejercido influencia y mando sobre Sus súbditos sin Su presencia corporal visible”.
    Por sus dinámicas enseñanzas y por el modo como vivió en conformidad con ellas, Jesús ha afectado profundamente la vida de la gente por casi dos mil años. Como bien lo expresó un escritor: “El conjunto de cuanto ejército haya marchado y cuanta armada haya sido construida y cuanto parlamento haya funcionado y cuanto rey haya gobernado no ha tenido en la vida del hombre sobre esta Tierra un efecto que iguale al de él”.
    por esto seamos ambiciosos y aspiramos a algo mejor…

  2. #2 por Lourdes Mayra Lopez Sanchez el mayo 5, 2011 - 6:32 am

    nada cambiara con su vida o con su muerte, seguiremos en las mismas, hay muchos Bin Laden escondidos tras mentiras, tu escrito es muy interesante, hay cosas que nos interesan, pero que nunca sabremos

  3. #3 por GABRIEL AGUADO el mayo 12, 2011 - 6:46 am

    Maria Elena dime si te quedan aplicaciones para el kindergarte, ‘LOS HOMBRES GRANDES NUNCA PIERDEN SU CORAZON DE NINO’ JOSE MARTI.
    saludos Gabriel Aguado

    • #4 por María Elena Cruz Varela el mayo 12, 2011 - 12:27 pm

      Ahí estamos, sí, como niños, negándonos a que nos endilguen lo que crean que más nos conviene. Dispuestos a permanecer en la perfecta e intemporal Edad de la Inocencia.

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