Eras, mitos, modelos y extrapolaciones (I)

Quienes me quieren y se preocupan por mí, con los que suelo hablar sin cortapisas de lo divino y lo humano, no dejan de advertirme: “Cuidado con lo que escribes, no vayas a ganarte enemigos.”
Los escucho agradecida, claro, pero invariablemente les respondo que esto no es una rifa, ni una apuesta, que no se trata de ganar o perder amigos o enemigos.
Tener una opinión diferente a la mía no convierte a nadie en mi enemigo. Los que creen que pueden atacar a alguien pierden el tiempo y la energía porque, como las ideas no abandonan su fuente, el ataque termina donde mismo empezó, o sea, en ellos mismos y en lo que respecta a mí, digan lo que digan, hagan lo que hagan, no pueden atacarme pues no les doy permiso. Por lo demás, ese temor es viejo y es el mismo que ha creado parálisis en la mente cubana. Tener miedo aquí “fuera” es igual que tenerlo allá “dentro”. El miedo es siempre uno, no importa el disfraz que vista o el argumento bajo el que se ampare.
Ese temor a no ser considerados lo suficientemente correctos en nuestras opiniones, junto a la imperiosa necesidad de aceptación en los nuevos predios, ha creado un terreno pantanoso en medio de las dos rocas visibles en las que se apoyan las posiciones anticastristas. Ese pantano se ha nutrido con la ausencia de un ideario actualizado, de una estrategia definida y en suma, de programas políticos alternativos entre los que elegir, me refiero a claras opciones que ofrecer en contraposición a una férrea dictadura quincuagenaria porque, en general, las personas no acostumbran a moverse hacia el vacío y se acomodan en zonas tan equívocas como el famoso “Mejor malo conocido que bueno por conocer.” Esas dos rocas son, por una parte, la presencia de una política de salón, completamente aislada y sin sustento y por la otra, esa mezcla de cíbercederismo con chancleteo, tan parecido al que recorría el Malecón gritando “Paredón, paredón” y “El que no salte es yanqui”.
A ello se suman los mitos; el peso del panteón de los próceres -muy bien implementado por la dictadura- que a la luz de la experiencia no nos sirven para hacer oposición, no disidencia, que es algo muy diferente.
El mito de la unidad bajo un régimen dictatorial y en el exilio consecuencia de ello, es una de las grandes limitaciones a las que debemos enfrentarnos sin queremos proceder con honestidad: no puede existir ese tipo de unidad entre los que hemos sido segmentados a no ser que pretendamos copiar el modelo dictatorial a la inversa, por lo tanto, mientras más propuestas y opciones, mejor. La unidad vendrá por sí misma cuando las condiciones estén creadas. Ni siquiera en la llamada gesta revolucionaria iniciada en Cuba en 1953 por quienes están todavía en el poder, existió ese tipo de unidad y llamar popular a la revolución cubana fue otro de los grandes aportes del márquetin que le sirvió de sustento. Es una manipulación similar a la que los medios utilizan en estas semanas al certificar como revolución las sublevaciones de masas que están sucediéndose en los países árabes.
Extrapolar modelos es otra de las tendencias dentro de quienes nos oponemos al régimen de los hermanos Castro. Apelamos a figuras tan llamativas como el Mahatma Gandhi, como si la Inglaterra y la India de aquella época tuvieran algo que ver con nuestra situación y nuestro tiempo, además de con nuestra ausencia de una identidad filosófica y sumándose a ello, nuestra particular idiosincrasia. No nos sirven, los hechos lo han demostrado, ningún modelo conocido se aviene a nuestra terrible y solitaria situación nacional. Hay una máxima que reza: “Si quieres lograr resultados diferentes, tienes que hacer cosas diferentes.” Lo que está en juego es nuestra creatividad. Podemos amar y respetar a nuestros próceres, de hecho, les amamos y respetamos, pero nunca debemos perder de vista que lo que hicieron en el pasado no nos sirve en el presente, no es así como funciona, la Cuba de Martí no es esta Cuba, no se trata de pensar en que, si la rueda fue el invento más grande del hombre, podemos viajar al cosmos montados en ella. Para que la rueda deviniera en cohetes espaciales tuvo que pasar mucho tiempo invertido en creatividad. Estamos en plena Era de la Información, lo cual quiere decir que la Era Industrial quedó atrás, lo que fue útil en una, es obsoleto en la otra si no se renuevan las fórmulas, no por gusto la gerentocracia cubana cortó, desde sus inicios, cualquier intento de libertad de comunicación y sembró el miedo en nuestros corazones. Miedo a perder lo que ni siquiera teníamos.
Quiero reforzar que la máquina de vapor ya no es útil, como no lo son las ideologías que te obligan a renunciar a uno de tus brazos; el machete estuvo bien en la poderosa mano del Antonio Maceo, pero no puede enfrentarse a los colonizadores de hoy.
Ser proactivos en lugar de reactivos sería un magnífico comienzo; proactivos en soluciones que ofrecer, en debates abiertos entre nosotros mismos, en utilizar la proverbial inteligencia con la que fuimos dotados los nacidos allí. Aprender de los errores no implica copiar los aciertos de antaño. Sin en algún punto de nuestra historia la guerra se consideró necesaria, en nuestros días sabemos que a las guerras sólo se va por conveniencia, cuando uno de los dos bandos hace fallar la política y la diplomacia.
Hay que perder el miedo a pensar con nuestras cabezas, de acuerdo a nuestra actualidad y circunstancias. Cada cual debe encontrar su rol en esta partida sin temerle a los roles que ocupen los demás. Crear nuestro propio ideario conscientes de que este es nuestro momento y el pasado jamás podrá venir a rescatarnos.

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  1. #1 por Mario Shiller el mayo 4, 2011 - 11:57 am

    a mí me agrada ejercer el derecho de ser ifantil, el encanto de indagar, el no haber abandonado la magia de la edad de los por qués, más allá de la “seriedad” adulta que nos obligó a cumplir con metas, que más que físicas o esprituales, eran el designio de la locura. Lo que hace bailar a las cobras no es la música ni la flauta, es el encantamiento del gesto. Las crónicas que me acompañan son poesía, le temo a la crónica que no se plantea por qués porque cuando todo parece muy claro probablemente esté muy obscuro. Cuando todo es tan terrible que se prohibe el juego y la especulación nos están negando la entrada al paraíso de la infancia

  2. #2 por Mario Shiller el mayo 4, 2011 - 11:57 am

    …y hablando de Cronos, me encanta fantasearlo en chancletas, me tira carozos de aceitunas mientras se bebe un buen tintoy tanguea que veinte años no es nada y que gentil la mirada….

  3. #3 por Jose Borges Infante el mayo 4, 2011 - 11:58 am

    usted disculpe los comentarios pero hasta ahora me gustan los que la sociedad consideran locos e incomprendidos pues son los unicos dueños de sus sueños…hay dos cosas que son infinitas ,el universo y la estupidez humana …. y del universo no estoy muy seguro dijera >Albert Einstein

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