Archivos para 23 marzo 2011

Eras, mitos, modelos y extrapolaciones II

(Se solicitas a las personas interesadas en comentar, hacerlo directamente en el blog. Gracias)

Otro de los mitos, visto como objeto de deseo para decorar nuestras maltrechas vitrinas, es el del Premio Nobel por la Paz, sin embargo para nadie es secreto que la paz no se logra con premios y que en particular este codiciado galardón es bastante equívoco en sus elecciones y constantemente ha eludido las propuestas en lo referente a Cuba. Es mejor, a mi entender, no disgregar la energía en este sentido porque, en realidad, sólo creamos divisiones sobre merecimientos más o menos. La que suscribe no apoyará ninguna propuesta al respecto por valiosos que sean los esfuerzos que se hayan realizado individualmente; no, hasta que la paz sea un hecho, se eviten las guerras y las propuestas o programas políticos reflejen claramente una intención de saneamiento a fondo de la dolorosa realidad cubana.

Mirar para casa es saber que cada vez que acusas y señalas a alguien con un dedo, no ves que tres de tus propios dedos están apuntando directamente a ti, o sea, a nosotros, a nuestro entorno. Si lo hiciéramos, nos percataríamos de la Quinta Columna del régimen que ocupa prácticamente todos los lugares claves en el extranjero en cuanto a medios de comunicación se refiere, o sea, están en primera línea para soliviantarnos, empujándonos a actuar de manera reactiva cada vez que los Castro necesitan una de sus guerritas mediáticas. Por otro lado, supongo que los habrá, pero no conozco a ninguno de los que han arriesgado la piel y la libertad dentro de la isla, que esté ocupando un lugar de importancia tanto en el terreno político como en dichos medios siendo, por alguna razón, los que gozan de probada trayectoria castrista los que salen a las democracias ya con un influyentes puesto de trabajo en el bolsillo. Esto es verdad, le duela a quien le duela: para los expresos, en su mayoría, basta con calificar como fontaneros, chóferes, etc. ¿En qué radica este posicionamiento tan discriminatorio como sospechoso? En primer lugar, las democracias del mundo están anquilosadas y sólo mueven las lenguas hacia la izquierda o hacia la derecha. Han dejado de ser en la medida en que han dejado de crecer y renovarse, quitándole al término mismo la flexibilidad expansiva que encierra. Un estado verdaderamente demócrata está obligado a permanecer alerta en sí mismo, vigilar sus alianzas porque es demasiado llamativo que hoy se reciba con honores y desfiles a un tirano como Gadafi y pasado mañana se descubra que ¡oh!, está masacrando al pueblo libio. Así sucede con todo, porque donde hay intereses económicos es muy difícil que la democracia pueda cumplir con su papel real. La no injerencia en la política interna del resto de los países, además de una gran mentira, es un comodín muy socorrido.
Hablo de estos temas porque, aunque no lo parezca, nos atañen directamente a nosotros, los cubanos. Saber dónde tenemos los pies nos ayudará a asentar las cabezas.

Es inevitable sentir una profunda frustración cuando estos hechos nos golpean el rostro con la ferocidad de una piedra. Hemos visto desaparecer generaciones de cubanos valiosos; nacer generaciones de cubanos desorientados bajo la férula de una dictadura que bate récords de permanencia, crueldad y, encima, tras haber convertido nuestra patria en un circo sangriento al que asisten los curiosos y los aburridos, los necesitados de “nuevas experiencias”, quienes aplauden aceptando lo que se cocina detrás de sus telones, se marchan a sus países rellenos de sexo barato, paisajes de tramoya y humo de Cohíbas, para seguir disfrutando de las prebendas propias de quienes dicen ser de “izquierdas” y se alimentan a la “derecha”. Cuando el circo pierde novedad, callan, sellando un pacto con la ignominia. Y nos dejan para que lidiemos con las fieras. Aquí no hay ni un rastro de inocencia. Ninguno podrá decir que era inocente porque no lo sabía.

Nuestros hijos fueron naciendo con el virus del miedo y la obediencia. Los que logran marcharse deben pasar tiempo trabajando en su propia desintoxicación. Quienes han tenido que permanecer en la isla no les alcanza el tiempo más que para garantizar la subsistencia y sub es, y será siempre, “por debajo de”, eso conduce a la toma de decisiones o tibias, o desesperadas, lo cual no es un buen terreno para que germinen y se asienten resultados en bloque que deberían generalizarse para crear un patrón de conducta consecutivo y consecuente.

Hemos visto de todo. Todo lo hemos padecido y no obstante, el tiempo continúa haciendo su trabajo: los dictadores envejecen, pero nosotros envejecemos a la par sin que la solución a nuestro conflicto se vislumbre en el horizonte. ¿En manos de quién, o de quiénes, están los proyectos que nos saquen de este agujero histórico con el menor daño a nuestra dignidad? ¿Quiénes son los beneficiarios de tales circunstancias?
No me conforma la idea fatalista de que estamos solos en nuestra lucha, más bien intuyo que estamos bastante mal acompañados por quienes nos ven como peones en el tablero de sus intereses y es a esos a los que debemos detectar y exigirles: ¡Aparten sus privadas intenciones de Cuba! ¡Dejen ya de esperar bajo el árbol a que se cumpla la infame Ley de la Fruta Madura!

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Eras, mitos, modelos y extrapolaciones (I)

Quienes me quieren y se preocupan por mí, con los que suelo hablar sin cortapisas de lo divino y lo humano, no dejan de advertirme: “Cuidado con lo que escribes, no vayas a ganarte enemigos.”
Los escucho agradecida, claro, pero invariablemente les respondo que esto no es una rifa, ni una apuesta, que no se trata de ganar o perder amigos o enemigos.
Tener una opinión diferente a la mía no convierte a nadie en mi enemigo. Los que creen que pueden atacar a alguien pierden el tiempo y la energía porque, como las ideas no abandonan su fuente, el ataque termina donde mismo empezó, o sea, en ellos mismos y en lo que respecta a mí, digan lo que digan, hagan lo que hagan, no pueden atacarme pues no les doy permiso. Por lo demás, ese temor es viejo y es el mismo que ha creado parálisis en la mente cubana. Tener miedo aquí “fuera” es igual que tenerlo allá “dentro”. El miedo es siempre uno, no importa el disfraz que vista o el argumento bajo el que se ampare.
Ese temor a no ser considerados lo suficientemente correctos en nuestras opiniones, junto a la imperiosa necesidad de aceptación en los nuevos predios, ha creado un terreno pantanoso en medio de las dos rocas visibles en las que se apoyan las posiciones anticastristas. Ese pantano se ha nutrido con la ausencia de un ideario actualizado, de una estrategia definida y en suma, de programas políticos alternativos entre los que elegir, me refiero a claras opciones que ofrecer en contraposición a una férrea dictadura quincuagenaria porque, en general, las personas no acostumbran a moverse hacia el vacío y se acomodan en zonas tan equívocas como el famoso “Mejor malo conocido que bueno por conocer.” Esas dos rocas son, por una parte, la presencia de una política de salón, completamente aislada y sin sustento y por la otra, esa mezcla de cíbercederismo con chancleteo, tan parecido al que recorría el Malecón gritando “Paredón, paredón” y “El que no salte es yanqui”.
A ello se suman los mitos; el peso del panteón de los próceres -muy bien implementado por la dictadura- que a la luz de la experiencia no nos sirven para hacer oposición, no disidencia, que es algo muy diferente.
El mito de la unidad bajo un régimen dictatorial y en el exilio consecuencia de ello, es una de las grandes limitaciones a las que debemos enfrentarnos sin queremos proceder con honestidad: no puede existir ese tipo de unidad entre los que hemos sido segmentados a no ser que pretendamos copiar el modelo dictatorial a la inversa, por lo tanto, mientras más propuestas y opciones, mejor. La unidad vendrá por sí misma cuando las condiciones estén creadas. Ni siquiera en la llamada gesta revolucionaria iniciada en Cuba en 1953 por quienes están todavía en el poder, existió ese tipo de unidad y llamar popular a la revolución cubana fue otro de los grandes aportes del márquetin que le sirvió de sustento. Es una manipulación similar a la que los medios utilizan en estas semanas al certificar como revolución las sublevaciones de masas que están sucediéndose en los países árabes.
Extrapolar modelos es otra de las tendencias dentro de quienes nos oponemos al régimen de los hermanos Castro. Apelamos a figuras tan llamativas como el Mahatma Gandhi, como si la Inglaterra y la India de aquella época tuvieran algo que ver con nuestra situación y nuestro tiempo, además de con nuestra ausencia de una identidad filosófica y sumándose a ello, nuestra particular idiosincrasia. No nos sirven, los hechos lo han demostrado, ningún modelo conocido se aviene a nuestra terrible y solitaria situación nacional. Hay una máxima que reza: “Si quieres lograr resultados diferentes, tienes que hacer cosas diferentes.” Lo que está en juego es nuestra creatividad. Podemos amar y respetar a nuestros próceres, de hecho, les amamos y respetamos, pero nunca debemos perder de vista que lo que hicieron en el pasado no nos sirve en el presente, no es así como funciona, la Cuba de Martí no es esta Cuba, no se trata de pensar en que, si la rueda fue el invento más grande del hombre, podemos viajar al cosmos montados en ella. Para que la rueda deviniera en cohetes espaciales tuvo que pasar mucho tiempo invertido en creatividad. Estamos en plena Era de la Información, lo cual quiere decir que la Era Industrial quedó atrás, lo que fue útil en una, es obsoleto en la otra si no se renuevan las fórmulas, no por gusto la gerentocracia cubana cortó, desde sus inicios, cualquier intento de libertad de comunicación y sembró el miedo en nuestros corazones. Miedo a perder lo que ni siquiera teníamos.
Quiero reforzar que la máquina de vapor ya no es útil, como no lo son las ideologías que te obligan a renunciar a uno de tus brazos; el machete estuvo bien en la poderosa mano del Antonio Maceo, pero no puede enfrentarse a los colonizadores de hoy.
Ser proactivos en lugar de reactivos sería un magnífico comienzo; proactivos en soluciones que ofrecer, en debates abiertos entre nosotros mismos, en utilizar la proverbial inteligencia con la que fuimos dotados los nacidos allí. Aprender de los errores no implica copiar los aciertos de antaño. Sin en algún punto de nuestra historia la guerra se consideró necesaria, en nuestros días sabemos que a las guerras sólo se va por conveniencia, cuando uno de los dos bandos hace fallar la política y la diplomacia.
Hay que perder el miedo a pensar con nuestras cabezas, de acuerdo a nuestra actualidad y circunstancias. Cada cual debe encontrar su rol en esta partida sin temerle a los roles que ocupen los demás. Crear nuestro propio ideario conscientes de que este es nuestro momento y el pasado jamás podrá venir a rescatarnos.

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